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Derecho General 2 de Agosto de 2010
La sociedad nos confunde.

Vivimos en una era de globalización donde cada vez es más fácil relacionarse e interactuar con otras culturas. Internet cada vez evoluciona más rápido y es más accesible a todo el mundo.

El otro día vi una noticia donde un ingeniero indio había creado una barcaza que tenía por finalidad hacer de escuela para los niños que se quedaban aislados en los pueblos debido a las lluvias monzónicas que afectaban al país. Como los niños no podían ir a la escuela, la escuela iba a ellos. La barcaza producía energía a través de unos paneles solares y esto le permitía disponer de unas computadoras con conexión a Internet.

Este es uno de muchos ejemplos que demuestran que cada vez nos relacionamos de una forma más amplia y que no solo estamos influenciados por nuestro entorno más cercano. Hoy en día cualquier persona puede comunicarse con otra persona que esté al otro lado del mundo sin la necesidad de moverse de su casa, y lo que es mejor, a un coste asequible.

Esta forma de comunicación tan global permite a su vez obtener una información muy global, lo que influye en nuestro modelo de sociedad creando unos estereotipos que suelen marcar la conducta de cuando menos una gran mayoría.

Todos los padres tienen la buena intención de educar a sus hijos de la mejor forma posible, inculcándoles los mismos valores que les enseñaron a ellos y compartiendo las experiencias de la vida. Deseamos que vayan a los mejores colegios y que se preparen de la mejor forma posible para enfrentarse a la vida.

Tanto los padres como los profesores se esfuerzan para que aprendan una serie de valores, como ser justos, respetar al prójimo, ser honrados, trabajadores y muchas cosas más.

Cuando pasamos la adolescencia y nuestra vida comienza a madurar nos damos cuenta que la sociedad nos engaña, empezamos a dudar de si lo que nos han enseñado es lo correcto o es que lo entendimos mal. Quizá no somos nosotros los que entendimos mal las cosas si no que son el resto de la gente. Nos cuestionamos si realmente esos valores tienen el significado que pensábamos y lo que es peor llegamos a dudar si nuestra educación nos favorece o nos perjudica.

Nos han enseñado cosas básicas como que hay que ser puntuales en las citas, pero nos damos cuenta que los impuntuales tienen ventaja, ya que, se aprovechan de nuestro tiempo. Nos han enseñado que hay que guardar turno cuando hay una aglomeración de gente, pero nos damos cuenta que él que no guarda turno y se cuela acaba aprovechándose de nuestra espera. Nos han enseñado que no hay que robar, que hay que ganarse las cosas honradamente, pero nos damos cuenta de que él que roba se beneficia de nuestro esfuerzo. Y es que la sociedad nos engaña, las reglas no son las que nos habían enseñado.

Los políticos nos hacen promesas que no cumplen, los periódicos maquillan las noticias para llamar nuestra atención. Los comercios nos hacen ofertas que al final no cumplen. Si circulamos por la carretera el que sobrepasa el límite de velocidad es el que llega antes a su destino. Si una persona es atropellada en un paso de peatones el perjudicado es él por cruzar de la forma correcta. Estos mensajes aparecen en todas las esferas y a todos los niveles, lo vemos en las carreras de coches cuando un piloto se beneficia con una maniobra irregular, en los mundiales de futbol cuando un equipo gana el partido gracias a una acción que el arbitro no sanciono, en las grandes multinacionales cuando se benefician de los empleados con contrataciones irregulares, etc.

Uno empieza a darse cuenta que la forma de obtener ventaja es saltándose los límites. Y la frase “El que hace la ley hace la trampa” empieza a coger sentido. Cada vez uno tiene más claro que la justicia no trata a todos por igual, por mucho que nuestra constitución diga que todos somos iguales ante la ley. La palabra “Justicia” empieza a convertirse en una ambigüedad a la que cada uno le damos nuestro particular sentido en función de las experiencias que hayamos compartido con ella.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿educamos a nuestros hijos en el arte de “juega vivo”?, no lo creo, porque nuestra sociedad, esa de la que formamos parte, también tiene cosas buenas, o mejor dicho, buenas personas que hacen cosas buenas, personas como tú y como yo que transmiten unos valores y unos principios que hacen que la palabra “Justicia” cobre su identidad. Y es por ello, que esa labor social que realizamos de forma individual como parte de una sociedad nos convierte en personas tan importantes.

Autor: Grupo Evos , Edificio 3R Diagonal a la Revilla 5 Esquinas, Primer Alto, oficina Nº 6. Ciudad de David, Chiriquí. Celular: 6630 6244 - oscar@grupoevos.com. Civil, Sucesiones, Divorcios, Custodias, Trámites migratorios, Penal, Mercantil, Creación de sociedades.
 
 
 
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