Vivimos
en una era de globalización donde cada vez es
más fácil relacionarse e interactuar con
otras culturas. Internet cada vez evoluciona más
rápido y es más accesible a todo el mundo.
El otro día vi una noticia donde un ingeniero
indio había creado una barcaza que tenía
por finalidad hacer de escuela para los niños
que se quedaban aislados en los pueblos debido a las
lluvias monzónicas que afectaban al país.
Como los niños no podían ir a la escuela,
la escuela iba a ellos. La barcaza producía energía
a través de unos paneles solares y esto le permitía
disponer de unas computadoras con conexión a
Internet.
Este es uno de muchos ejemplos que demuestran que cada
vez nos relacionamos de una forma más amplia
y que no solo estamos influenciados por nuestro entorno
más cercano. Hoy en día cualquier persona
puede comunicarse con otra persona que esté al
otro lado del mundo sin la necesidad de moverse de su
casa, y lo que es mejor, a un coste asequible.
Esta forma de comunicación tan global permite
a su vez obtener una información muy global,
lo que influye en nuestro modelo de sociedad creando
unos estereotipos que suelen marcar la conducta de cuando
menos una gran mayoría.
Todos los padres tienen la buena intención de
educar a sus hijos de la mejor forma posible, inculcándoles
los mismos valores que les enseñaron a ellos
y compartiendo las experiencias de la vida. Deseamos
que vayan a los mejores colegios y que se preparen de
la mejor forma posible para enfrentarse a la vida.
Tanto los padres como los profesores se esfuerzan para
que aprendan una serie de valores, como ser justos,
respetar al prójimo, ser honrados, trabajadores
y muchas cosas más.
Cuando pasamos la adolescencia y nuestra vida comienza
a madurar nos damos cuenta que la sociedad nos engaña,
empezamos a dudar de si lo que nos han enseñado
es lo correcto o es que lo entendimos mal. Quizá
no somos nosotros los que entendimos mal las cosas si
no que son el resto de la gente. Nos cuestionamos si
realmente esos valores tienen el significado que pensábamos
y lo que es peor llegamos a dudar si nuestra educación
nos favorece o nos perjudica.
Nos han enseñado cosas básicas como que
hay que ser puntuales en las citas, pero nos damos cuenta
que los impuntuales tienen ventaja, ya que, se aprovechan
de nuestro tiempo. Nos han enseñado que hay que
guardar turno cuando hay una aglomeración de
gente, pero nos damos cuenta que él que no guarda
turno y se cuela acaba aprovechándose de nuestra
espera. Nos han enseñado que no hay que robar,
que hay que ganarse las cosas honradamente, pero nos
damos cuenta de que él que roba se beneficia
de nuestro esfuerzo. Y es que la sociedad nos engaña,
las reglas no son las que nos habían enseñado.
Los políticos nos hacen promesas que no cumplen,
los periódicos maquillan las noticias para llamar
nuestra atención. Los comercios nos hacen ofertas
que al final no cumplen. Si circulamos por la carretera
el que sobrepasa el límite de velocidad es el
que llega antes a su destino. Si una persona es atropellada
en un paso de peatones el perjudicado es él por
cruzar de la forma correcta. Estos mensajes aparecen
en todas las esferas y a todos los niveles, lo vemos
en las carreras de coches cuando un piloto se beneficia
con una maniobra irregular, en los mundiales de futbol
cuando un equipo gana el partido gracias a una acción
que el arbitro no sanciono, en las grandes multinacionales
cuando se benefician de los empleados con contrataciones
irregulares, etc.
Uno empieza a darse cuenta que la forma de obtener
ventaja es saltándose los límites. Y la
frase “El que hace la ley hace la trampa”
empieza a coger sentido. Cada vez uno tiene más
claro que la justicia no trata a todos por igual, por
mucho que nuestra constitución diga que todos
somos iguales ante la ley. La palabra “Justicia”
empieza a convertirse en una ambigüedad a la que
cada uno le damos nuestro particular sentido en función
de las experiencias que hayamos compartido con ella.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿educamos
a nuestros hijos en el arte de “juega vivo”?,
no lo creo, porque nuestra sociedad, esa de la que formamos
parte, también tiene cosas buenas, o mejor dicho,
buenas personas que hacen cosas buenas, personas como
tú y como yo que transmiten unos valores y unos
principios que hacen que la palabra “Justicia”
cobre su identidad. Y es por ello, que esa labor social
que realizamos de forma individual como parte de una
sociedad nos convierte en personas tan importantes.
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