Recientemente
se presento en San José de Costa Rica un Informe
Regional, por el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) donde se concluye que América
Latina y el Caribe es la zona más desigual del
mundo, y no solo la desigualdad es alta, sino también
persistente.
La desigualdad social es uno de los factores más
importantes que están directamente relacionados
con los altos índices de actos delictivos y de
violencia. Los altos grados de violencia que se producen
en una sociedad tienen su inicio en varias causas, a
su vez, existen distintos grados de violencia y en consecuencia
deben ser enfrentados desde varios frentes.
El frente que más llamamiento social tiene,
es el que yo denomino frente activo, y esto implica
tomar medidas para reducir los casos de violencia que
existen en el momento actual. La población sufre
cada vez más a menudo algún acto delictivo,
esto genera alarma social, lo que a su vez genera una
demanda de recursos para combatir esta inseguridad.
Para combatir esta inseguridad el estado recurre a las
fuerzas de seguridad, lo que hace importante que la
policía esté dotada de los medios y recursos
adecuados que le permitan luchar contra los grupos organizados,
pandilleros y demás actos vandálicos.
Otro de los recursos a los que suele recurrir el estado,
a través del gobierno en curso, para garantizar
la seguridad de la sociedad es a la creación
de leyes generalmente con la intención de endurecer
las penas. A mi modo de ver, un gran error, ya que en
países más desarrollados se ha demostrado
con creces que este tipo de medidas no reducen los actos
delictivos. Si tenemos en cuenta que los índices
de delincuencia van en aumento, es absurdo, pretender
encerrar a todos los delincuentes en las cárceles
y por más tiempo, ya que llegaría un punto
en el que el propio sistema se desbordaría. Una
parte de la población tendría que trabajar
para mantener a otra parte de la población, lo
que a su vez haría que la población fuese
más vulnerable al tener que aportar esos recursos,
cuanto más vulnerable sea la población,
más incide en el aumento de la delincuencia.
Esto no quiere decir que haya que prescindir de las
cárceles, ya que delincuentes los habrá
siempre en cualquier sociedad, y habrá individuos
que tengan que cumplir con penas altas porque no son
capaces de ser reinsertados a la sociedad y sea más
recomendable tenerlos en prisión.
A mi modo de ver, lo más efectivo para combatir
la criminalidad en una sociedad es a través de
lo que yo denomino el frente preventivo, es decir, utilizar
políticas sociales que ayuden a fomentar la igualdad
y el desarrollo de los individuos más desfavorecidos
o con más riesgo de exclusión social.
Este tipo de políticas deben ser adoptadas por
los gobiernos, son medidas a muy largo plazo y deben
de incidir directamente sobre ciertos pilares básicos.
Uno de estos pilares es la Educación. El sistema
educativo tiene que estar diseñado para ofrecer
unos valores y unos conocimientos que favorezcan el
desarrollo de un individuo creando un sistema de educación
básico que comprenda un periodo de al menos unos
nueve años. El estado debe obligar y asegurar
la escolarización de todo aquel ciudadano que
se encuentre en esa franja de edad. Es lógico
pensar que a un ciudadano bien educado le sea más
fácil integrarse en la sociedad.
Otro de los pilares es la igualdad. Panamá todavía
es una sociedad machista donde la igualdad entre hombres
y mujeres está lejos de ser una realidad. La
desigualdad provoca que las mujeres tengan más
difícil acceder al mercado laboral y cuando lo
hacen generalmente es en puestos de menor rango, lo
que incide en su independencia económica. Cuantas
menos oportunidades tenga una mujer para acceder al
mercado laboral más dependerá de un hombre
para poder formar una familia. En ocasiones la desigualdad
no solo se produce a la hora de acceder al mercado laboral,
sino a la hora de tener hijos, lo que provoca ausentismo
laboral, algo que para el empresario puede no resultar
rentable.
Lo mismo ocurre con personas en riesgo de exclusión
social, como pueden ser las personas que tienen una
minusvalía física o mental, que en la
mayor parte de los casos terminan siendo totalmente
dependientes de sus familiares, lo que a su vez genera
una carga añadida a las familias con menos recursos.
Un ejemplo, es el de una familia con bajos recursos
donde uno de sus miembros sufre una minusvalía
y ante la atención que este requiere otro de
los miembros de la familia opta por la delincuencia
como forma de obtener recursos.
Estos casos inciden directamente en el núcleo
familiar, algo fundamental en una sociedad, ya que a
partir de la familia se desarrollan todos los beneficios
o los males sociales. Desarrollemos esté concepto
a través de un ejemplo. Una mujer y un hombre
con escasos estudios y bajos ingresos deciden crear
una familia. Tienen un hijo, y debido a la atención
que este necesita, la mujer debe dejar su trabajo. El
varón con un sueldo básico debe soportar
toda la carga familiar, a su vez la mujer pasa a ser
totalmente dependiente del marido. Es obvio deducir
que en muchos casos los problemas no tardarán
en llegar y lo más frecuente serán las
discusiones entre los miembros de la pareja, lo que
se traduce en que el niño tendrá criarse
en un ambiente de discusión, conflicto y peleas
diarias que se convertirán en algo habitual.
Si nos fijamos en las familias nos damos cuenta que
muchas son familias desestructuradas donde los niños
deben criarse con la falta de uno de sus padres, algo
que repercute directamente en su desarrollo emocional.
En muchos casos, no saben quien es su padre o solo saben
que hay un hombre que está obligado a pasar una
pensión a su madre, y el rechazo por parte del
progenitor es palpable. Las mujeres solteras y con algún
hijo es fácil que busquen como recurso unirse
con otro hombre, lo que a su vez crea más dependencia.
Es habitual encontrar mujeres que tienen varios hijos
y todos de padres distintos. La educación de
los niños en ese entorno emocional es tan inestable
que de no recibir la ayuda adecuada, en muchos casos
se verán obligados a buscar la estabilidad emocional
fuera del núcleo familiar.
Como dice el refrán; “Dios los da y ellos
se juntan”. Estos jóvenes se unirán
con otros jóvenes que viven una situación
similar y con los que compartirán sus estados
de ánimo y experiencias diarias creando un fuerte
lazo emocional. Cuando se juntan varios jóvenes
se termina creando una pandilla, si los miembros de
la pandilla viven en hogares de bajos recursos y reciben
una pobre educación, es probable que terminen
encontrando en la delincuencia una forma de vida.
Si analizamos la vida familiar de la población
que está actualmente encarcelada, seguro que
la mayor parte de ellos se han criado en una familia
desestructurada.
Existen otras muchas causas que inciden en el desarrollo
de la delincuencia, pero de nada sirve analizarlas en
detalle si no ponemos medios para combatirlas y esto
es algo que nos incumbe a todos, porque todos sufrimos
sus consecuencias, lo que nos hace formar parte del
problema. Es como si queremos combatir la Influenza
Estacional diciéndonos a nosotros mismos que
no nos va a tocar... todos sabemos que para combatirla
debemos analizar sus causas y encontrar medicamentos
que permitan minimizar sus efectos, que aún a
pesar de que muchos no superaran sus síntomas,
la mayoría lograrán convivir con ella
y reducir sus efectos.
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